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sábado, 17 de abril de 2010

DORMIDA EN EL LAGO



Mi Laura espera, paciente;
Mientras mi existencia, vagabunda,
Se arrastra en un planeta de dolor
De madrugadas frías, de brumas
Que indiferentes mueren con el sol.

Amores eternos que aniquilan sin alevosía;
A estas manos que ya no tocan,
Esta mi anatomía sin sentido
Estos ojos que no quieren ver,
estas sonrisas que he fingido

Su fugaz amor se quedó
ajado a mi existencia,
Para siempre doliendo en mi memoria
Mas con el dolor dulce de los enamorados
Que mueren indolentes a la historia.

Como Petrarca llorando a solas,
yo, hombre vacío, deambulo errante;
y es que los amores imposibles
son eternos por perdurar siempre
en el viento del tiempo insensible.

Allá voy, buscando significados
En una batalla perdida por nacimiento;
Porque las estrellas no me alumbran,
Porque derrapo a cada instante
Y las sombras a mi lado se acostumbran.

Y pasarán los años sin verle más,
Con mi certeza de confesar la verdad,
De que la vida es cruel, y no mentir.
De que no puedo tomar a la muerte atajos,
De que muero por no morir.

Sin amarle, le amé, sin besarla viví;
pero el destino no entiende de pasiones,
Y por no ser su reino es vil, sin sangre;
Y su reino no es de este mundo,
Y que me mata por no matarme.

miércoles, 10 de marzo de 2010

MI MUJER IDEAL



Mi mujer ideal
Es de suave sonrisa,
De mirar risueño,
Fresca como brisa;
De andar insolente
sin miedo ni prisa.

Dentro es toda ella,
Ternura y malicia,
Perfume de hembra,
Mirada novicia;
Sentimientos blancos
Y risa de niña.

Sus pies desnudos
El suelo embelesan,
Sus piernas de miel
Las gramíneas besan,
Cual fuera una imagen
Que a sus muslos rezan;

Que por ellos muerom
Ellos saben bien
Y por sus caderas
De leche y de miel
Bajaría mis brazos,
Me daría a perder.


La cintura fuerte
Y su ombligo huraño
Sólo a mí me dicen
"Coqueteame, extraño,
Bésame por siglos,
Y no te haré daño."

Son sus hombros finos
Suaves redondeces,
Que amables me piden
Que lento las bese;
Que duerma en su vientre
que crece y que crece.

Sus mejillas son
La fruta que añoro,
Y al besar sus pechos,
Pierdo mi decoro.
Tibios ellos duermen
Bajo bucles de oro.

Me hace estremecer
Cuando en gélida mañana
Es quien me cobija
Y mi espalda araña;
Y con su boquita vierte
Mi dulce de caña.

Ven y dale un beso
A quien hoy te adora
Al que en madrugadas
Sueña tus aromas,
Y sé mi paraíso,
Mi infierno y mi gloria.