sábado, 17 de julio de 2010

VIENTO FEMENTIDO

He callado, pues callar ha sido mi oficio
He escuchado, pues aceptar ha sido mi corona.
Sobrio, pero loco, se lleva la llorona
mi alma, y la deja ensuciada de artificio.

Soy el niño, el viejo, el paria, el ficticio,
sombra que perfuma la soledad,
mas el cielo, que rehúye el gentilicio,
no da tregua, me abandona a mi realidad.

Soy el animal que arrastra su esqueleto
soy el perro que lame sus heridas,
con orejas, que a mi corazón inquieto

alertan de la verdaderas mentiras,
que trae desde penumbras el cortante viento
y deja mi alma, en el suelo en tiras.

domingo, 11 de julio de 2010

EL ACORAZADO


"No hay nadie allá arriba"
dijo el asaltante al juez,
Hay demasiada confusión tranquila
de tiempo el mundo es.
El horizonte está despejado
ahora podemos salir
"No hay lugar para sentarse,
y no hay lugar a dónde ir".

"No hay razón para alegrarse"
dijo el secuestrador, amable
"Hay muchos entre nosotros
que preferirían tener hambre".
"Hay muchos que creemos
-añadío un viejo veinteañero-,
que la vida es sólo una broma
lo dijo el viento llanero.

Ya el hombre de negocios
está vendiendo su pan
las señoras gordas con abanico
ven autos que vienen y van.
Los curas en las iglesias
su sermón dan al vacío,
el eco resuena en la cúpula
y se apodera su hastío.

Businessman, véndeme eternidad;
el cavador saquea la Tierra,
el catecismo de la niña;
un pez fuma mientras entierra.
"Muerte al monstruo de mil cabezas
-dijo el hermitaño azorado-
la virtud y el pecado de la mano
destrozan un acorazado."

Allá tras el horizonte,
el Prestige, gime herido
presagiando su final
se hunde en estridente gemido.
"Pobre capitán -dijo un lisiado-
borracho, andrajoso y yerto,
su mente es un carnaval
que pasea en el Mar Muerto.

Escupiendo por el camino
el vaquero sigue la vereda
sin prisa cruza el bosque de pino,
sin tener a quien le espera.
Allá en la distancia el viento sopla y
dos jinetes vienen hacia acá
colándose entre las piedras
el viento empieza a aullar.

UN SUEÑO



Soñé que soñando estaba
un sueño que yo soñé,
y en mi sueño desperté
soñando que no soñaba,
que todo era verdad vana
tan fría, tan clara, tan humana
que de mi sueño me arrancaba
y me dejaba donde acaba
el país de las ilusiones
que a fuerza de las canciones
me llevó a soñar que viví.
Mas yo nunca conocí
un sueño tan hermoso
que de la montaña al foso
me trasladó en santiamén.

¿Qué más pudo merecer
quien adoró una quimera
que dio a vuelta primera
un vuelco a su corazón
y el mío dejó, sin vacilación
en arenas movedizas
en su recipiente de cenizas.

Y tuve que abrir los ojos
para ver el arcoiris
y en la noche las estrellas,
para sin querer, en fin, vivir,
arrastrando mi esqueleto,
cabizbajo hacia el cemento
y el alquitrán de las calles,
y sin que nadie me calle.

Soñaré mil veces más
durmiendo cansado y sin prisas
pues, extraviada mi risa
no la esbozaré jamás.